La Revolución en el norte
de Baja California Sur
Arturo Meza Osuna
Mientras, en San Ignacio, en su afán de rehacerse, los rebeldes trataban de ganar mas adeptos a la causa y Luis S Hernández había viajado a Sonora con la promesa de regresar con 200 hombres que aseguraran la victoria sobre Santa Rosalía. Así, el movimiento en San Ignacio quedó a cargo de pedro Altamirano, originario de ese pueblo. Los ataque se pospusieron una y otra vez; la espera de Hernández con personal y parque se alargó; una disputa por el liderazgo empeoró las cosas entre los rebeldes y durante la primera mitad de 1914 no pudieron organizar ninguna incursión a El Boleo.
Los pobladores de San Ignacio exasperados y molestos con los revolucionarios que nada hacían y había que mantenerlos, empezaron a recelar de sus "salvadores" y finalmente en el repudio.
Mientras la compañía El Boleo, por mediación del embajador francés recibió mas ayuda del ejército federal y llegaron a armar hasta los dientes a cerca de 300 defensores del pueto y la empresa. Hernández nunca regresó; los combatientes desaparecieron cuando el pueblo finalmente les negó la ayuda y para junio de 1914 solo permanecía armado Pedro Altamirano y unos cuantos hombres vecinos de San Ignacio que podían ser aplastados por las tropas federales.
Sin embargo, los acontecimientos en el centro del país y el otro movimiento revolucionario que había iniciado Félix Ortega en el sur, hicieron que mediante un pacto con El Boleo, los rebeldes de San Ignacio se depusieran las armas el 8 de agosto de 1914.
Un episodio desconocido, investigado y documentado por la maestra Edith González
Fuente:
(Seminario de Historia regional.
Estudios de Historia Sudcaliforniana)
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